jueves, 5 de septiembre de 2019

Francisca Aguirre




Las manos

Pensamos porque tenemos manos

Anaxágoras

Me ha costado muchísimo educarlas

y no estoy muy segura de haberlo conseguido

porque la mayor parte de las veces

actúan por su cuenta se disparan

es como si tuvieran vida propia.

Algunas veces he pensado que solapadamente

sin darle cuenta a nadie

es decir sin decírmelo a mí

que al fin y al cabo soy su dueña

estas dos lagartijas estas aficionadas al tanteo

han conseguido nadie sabe cómo

elaborar una Constitución y no contentas con eso

han llevado adelante un Estatuto

lo que supone para mí un auténtico caos.

Porque no hay forma de poner de acuerdo

a estas dos desgraciadas a estas dos inconscientes

que se pasan la vida peleando

defendiendo con verdadera saña sus derechos:

la solidaridad insobornable de la izquierda

el orden la cordura y el respeto que para sí reclama la derecha.

Mientras el cuerpo el miserable cuerpo del que viven:

el tronco las axilas los brazos y los antebrazos las muñecas

no encuentran la manera de aplacarlas

de hacerles entender que si se empeñan

esto va a terminar en un entierro.

Que lo mejor sería que empezaran

a sacarle provecho a la distancia

al espacio que las separa equitativo

y a disfrutar del ritmo que produce

unirse de improviso una con otra

y jalear alegremente el hecho sorprendente y audaz

de que por fin la vida nos acerque aunque sea tan sólo

de manera fugaz como era de esperar.



miércoles, 4 de septiembre de 2019

Diana Maura




No sirve
adelantarse a las heridas
ni transcribir el tiempo
en misticismos
no sirve esperar
ni morderse las rodillas
ni hincar los brazos
ni esbozar muecas
ni tejer sonrisas

No sirve creer
ni descreerse
ni cerrar puertas
ni abrir ventanas

No sirve trepar
a árboles inexistentes
ni buscar cobijo
en grutas ya habitadas

No sirve destemplarse
ni siquiera armarse de coraje
ni volar
ni los sueños siquiera

No
No sirven...
Todo está escrito
Lo dudas?

-Luis Alberto de Cuenca-




Cómeme y, con mi cuerpo en tu boca,
hazte mucho más grande
o infinitamente más pequeña.
Envuélveme en tu pecho.
Bésame.
Pero nunca me digas la verdad.
Nunca me digas: «Estoy muerta.
no abrazas más que un sueño»




martes, 3 de septiembre de 2019

Mariló Martín





Mirando hacia arriba
las nubes están claras
con un silencio ensordecedor
yo veo sus alas moverse
la luna está enamorada
entre bambalinas entusiasmada
achicando la madrugada.

Yo soy pequeña
una loca que sueña
que quiere saber
a dónde vamos
con prisas y urgencias
para ser reconocida
yo sé donde está el infierno
allá en la oscuridad
donde la vida se acomoda
en la oportuna respuesta
de un dios tan remoto
rey de las grandes tormentas
que reza por nosotros.


Miguel Ángel Cañada





...Sin color ha quedado,
el soñar de velos mojados
a merced de las brisas,
y con arena pegada en mi garganta,
despojo tu mirada ahogada 
a pesar de estar rodeada
de un inmenso salvavidas...


Del Poema "Sin Orillas"
Todos los derechos reservados por Miguel Ángel Cañada

lunes, 2 de septiembre de 2019

Octavio Paz


Como quien oye llover
Óyeme como quien oye llover,
Ni atenta ni distraída,
Pasos leves, llovizna,
Agua que es aire, aire que es tiempo,
El día no acaba de irse,
La noche no llega todavía,
Figuraciones de la niebla
Al doblar la esquina,
Figuraciones del tiempo
En el recodo de esta pausa,
Óyeme como quien oye llover,
Sin oírme, oyendo lo que digo
Con los ojos abiertos hacia adentro,
Dormida con los cinco sentidos despiertos,
Llueve, pasos leves, rumor de sílabas,
Aire y agua, palabras que no pesan:
Lo que fuimos y somos,
Los días y los años, este instante,
Tiempo sin peso, pesadumbre enorme,
Óyeme como quien oye llover,
Relumbra el asfalto húmedo,
El vaho se levanta y camina,
La noche se abre y me mira,
Eres tú y tu talle de vaho,
Tú y tu cara de noche,
Tú y tu pelo, lento relámpago,
Cruzas la calle y entras en mi frente,
Pasos de agua sobre mis párpados,
Óyeme como quien oye llover,
El asfalto relumbra, tú cruzas la calle,
Es la niebla errante en la noche,
Como quien oye llover
Es la noche dormida en tu cama,
Es el oleaje de tu respiración,
Tus dedos de agua mojan mi frente,
Tus dedos de llama queman mis ojos,
Tus dedos de aire abren los párpados del tiempo,
Manar de apariciones y resurrecciones,
Óyeme como quien oye llover,
Pasan los años, regresan los instantes,
¿Oyes tus pasos en el cuarto vecino?
No aquí ni allá: los oyes
En otro tiempo que es ahora mismo,
Oye los pasos del tiempo
Inventor de lugares sin peso ni sitio,
Oye la lluvia correr por la terraza,
La noche ya es más noche en la arboleda,
En los follajes ha anidado el rayo,
Vago jardín a la deriva
Entra, tu sombra cubre esta página.



Ana García Briones




Desabrocho el corazón
y lloro con los tristes.
Desabrocho el corazón
en señal de solidaridad
con los débiles,
me agarro a sus ramas
y me balanceo en sus hojas
desde una habitación
sin armas,
solo con palabras
promuevo el combate.
Desabrocho el corazón
y ensayo himnos
que solo los pájaros
y los gorriones cantores
entienden.


Del libro: Partos de luz.