martes, 5 de marzo de 2024

Gioconda Belli



HUELLAS


Pronto me marcharé a selvas de humo y concreto
andaré calles de ciudades hostiles
mi nombre sonará a otro nombre
mi rostro parecerá otro rostro
Por eso aquí, esta tarde
así quiero quedarme
viendo desde lo alto mi rebaño de volcanes azules
dejando que el paisaje se me crezca por dentro
que el lago se me instale en los pulmones
que las nubes se expandan en mi sangre
que me nazcan volcanes en mis ojos
que esta visión de mito y epopeya
alimente los ríos interiores
con los que me sostendré
cuando abra la distancia su profunda tierra.

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Mar Galván,



El Asfalto

Lluvia sobre el asfalto mojado
una rutina casi a diario
cabalgar por el asolando las gotas
que caen una a una.
Recuerdos de un día marchitado,
aquel donde el asfalto era una piel,
la mía, gota a gota
de esa lluvia cubriéndome en la nada.
Un vago recuerdo, una imagen,
esa cara que nunca recordé,
arropándome en el suelo.
Lluvioso y frío sorteando las miradas,
un cuerpo el mío tendido en la nada,
una luz sin sonido, caminando en el vacío.
Un recuerdo, un accidente,
vagando en la memoria,
sin poder recuperarlo.
Un nombre, ni lo sabia, un lugar,
de donde provenía,
un mes diciembre, solamente ese recuerdo.
Un despertar en un momento limpio,
una sonrisa observándote con lágrimas,
arropándome, inolvidable.
Cogió aquel casco, destrozado y lo habilitó en un estante
en el pasado, para recordar a diario
el día que volvió a la vida.
Un pasado, quedando en el presente,
sin dejar rastro del momento.
Un nuevo amanecer de luz,
sin lluvia, aquello que no quiso recordar,
solo el asfalto incrustado en una curva...
sin mas.
Una vida, persiguiéndola,
impregnadas de momentos,
los casuales, dándoles toda la atención,
creando de cada uno el momento perfecto.
Una condición vivirlos sin razón o con ella,
da igual...
Momentos recuperados de una vida
que paso a segundos en aquella carretera.

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lunes, 4 de marzo de 2024

Rafael Guillén



Poema del no

Me decías que no. Por tu mirada
pasaban barcos lentamente. Había
gaviotas en tus ojos, en tus blandos,
oscuros ojos grandes,
donde iba cayendo la amargura
como un anochecer de altas sirenas
en los puertos del Sur.
Me decías que no serenamente.
Era un no original, que ya existía
antes que tú, que hablaba por sí mismo
mientras que tú, impotente, absorta, fijos
en mí tus ojos, lo sentías vivo,
palpabas su raíz por tus adentros.
Era un no adivinado,
mudo, pesadamente silencioso.
Tu duro cuerpo tibio
me decía que no, sin causas, iba
replegándose, como
si volviese a la infancia. Tú no eras.
Me decías que no, y en tu mirada
cabalgaba un dolor que yo diría
maternal. Un dolor implorando
comprensión. Un no de contenida
pesadumbre, pero total, abierto,
levemente asomado
a las playas del llanto.
Me decías que no lejana, sola,
terriblemente sola, maniatada,
sin un porqué donde apoyarte, pero
era no, era no, sin gritos, no...
Los puertos, las sirenas,
los barcos en la noche, todo iba
perdiéndose, alejándose.
Yo, delante de ti, triste, abatido.

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José Manuel Caballero Bonald.



Y tú me dices
que tienes los pechos vencidos de esperarme,
que te duelen los ojos de tenerlos vacíos de mi cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos
de palpar esta ausencia por el aire,
que olvidas el tamaño caliente de mi boca.

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sábado, 2 de marzo de 2024

Carmen Herrera Caballero



A veces me acuerdo de lo que olvido...
PRIMERA PERSONA, PRESENTE INDICATIVO.


Fuiste mi plural
y el sentido de todos mis lapsus cardinales;
fuiste,
que no es.
Y aquí existo aún
sin un nosotros;
y aquí soy
más que en ningún sitio;
¡soy!
que no solo fui.
Apagando eses
detrás de cada intención;
tan segura de mí...
tan distinta de tí...
Tú: segunda persona,
singular y ausente.
Yo: dueña del olvido.

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Gabriela Mistral



El amor que calla
Si yo te odiara, mi odio te daría
en las palabras, rotundo y seguro;
¡pero te amo y mi amor no se confía
a este hablar de los hombres tan oscuro!
Tú lo quisieras vuelto un alarido,
y viene de tan hondo que ha deshecho
su quemante raudal, desfallecido,
antes de la garganta, antes del pecho.
Estoy lo mismo que estanque colmado
y te parezco un surtidor inerte.
¡Todo por mi callar atribulado
que es más atroz que entrar en la muerte!


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viernes, 1 de marzo de 2024

Irene Domínguez





Irene Domínguez (Toledo, 1996) ha estudiado Filología Hispánica en la Universidad de Granada y el Máster en Literaturas Hispánicas: Arte, Historia y Sociedad en la Universidad Autónoma de Madrid, especializándose en la relación entre literatura y otras artes, en concreto la música. Actualmente cursa una de las becas de formación en el Instituto Cervantes de Madrid, trabajando como editora. Ha sido ganadora del Premio Internacional Málaga Ciudad del Paraíso 2019 de la Fundación Málaga con su poemario Presuntamente nuestros. Ha colaborado con sus poemas en la revista Maremágnum y en Microversos en red: Poesía en un tuit, de Verso&Cuento.

Y mira que la poesía es esto,
desvestirme en la ventana sabiendo
que los vecinos están mirando,
asistir a mi cotidianidad
y escandalizarte cuando haces
por creerte todo lo que cuento,
poner trabas a mi libertad creativa,
no sé,
el humo de un cigarro social
en el tumulto de la gente.
Y mira que la poesía es esto,
quitarme la ropa del trabajo
y pensar en las diversas maneras
de las que puedo dejarte,
un encuentro aparentemente fortuito
—y empaquetado cuidadosamente—
bajo el filtro de la ficción,
la conversación en cuarentena
que sin querer convertimos en una cita.
Y es que la poesía es esto,
los ratos en los que puedo confesarme
sin necesidad de dar explicaciones,
todas y cada una de las vidas
que me invento cocinando
a fuego lento,
el suspiro a medias antes del suicidio
que nunca llega a darse.
Irene Domínguez.

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