viernes, 22 de mayo de 2020

Carlos Barral






Oh rápida, te amo.
Oh zorra apresurada al borde del vestido
y límite afilado de la bota injuriante,
rodilla de Artemisa fugaz entre la piedra,
os amo,
sombra huidiza en la escalera noble,
espalda entre trompetas por el puente.
Oh vagas, os envidio,
imágenes parejas en los grises
vahos de las cristaleras entornadas,
impacientes
-que llegan a las citas con retraso-
nervios de los que habitan (el descuido
seguro y arrogante de la puerta entreabierta
y el gesto ordenador de las cosas que miran).
Lo quiero casi todo:
la puerta del palacio con armas y figuras,
el nombre de los reyes y el latón de República.
Quiero tus ojos de extranjera ingenua
y la facilidad sin alma del copista.
Quiero esta luz de ahora. Es mi deseo
estar abierto, atento, hasta que parta.
Y quisiera que alguien me dijera
adiós,
contenida, riendo entre lágrimas.

Extranjero en las puertas, no estás solo,
mi apurada tristeza te acompaña.

Manuela Lozano Pérez.


EL AMOR, COSA EXTRAÑA.


!! Ay el amor!! Cosa extraña…
Ese juego travieso y peligroso, que te da vida y te mata.
Que sacude y enmaraña los sentidos
donde a veces se gana y otras se pierde,
donde la eternidad laurea el final de la partida.
Amando aprendí:
A malgastar besos en los cruces de caminos
a cambiar promesas por documentos burocráticos
a recoger golpes detrás de las sonrisas,
a guardar lagrimas entre cubitos de hielo
a llenar pucheros con escusa
a dormir al raso por dos euros la hora,
a matar fantasmas escenificando cuentos
a creer en milagros para no perder las ganas
a vender quimeras para respirar,
a caminar por el desierto con zapatos de tacón
a cruzar el mar con la casa a cuestas
a multiplicar por diez las horas del reloj,
A esconder mí nombre bajo las sabanas
a gritar la noche en dos metros cuadrados de cielo
a lucubrar historias de una muerte anunciada,
a remendar mi cuerpo con caricias prestadas
a prender la hoguera que no me dio calor
a construir castillos en el aire…
Pese a todo, quiero creer que conocí el amor,
que por momentos lo tuve entre mis manos,
en mi tacto, en la yema de sus dedos,
en mis ojos, en su mirada y mi llanto,
en mi boca, en su lengua y mis sabores,
en mi oído, en el compás de sus palmas,
en mi nariz, en la esencia de su pelo,
en mi corazón, en el palpito de su pecho,
en mis entrañas, en el rocío de su vientre
en mis piernas, su espalda, mi nuca, su frente…
En mi yo entera.
Quiero creer que conocí el amor hasta la locura…
Más si ese amor no fue cierto
¿De qué sirvió que perdiese la partida?


jueves, 21 de mayo de 2020

Lu Sesma.





HASTA MI VUELTA


Recojo la ropa de la silla,
los platos de la mesa,
las brasas de la chimenea,
mis gafas, como siempre, perdidas,
cierro la maleta.
Echo una mirada rápida
a mi alrededor,
dejo algunas cosas, el portátil,
mis zapatillas y la alegría,
que esperarán aquí, pacientes,

hasta mi vuelta.
Cierro las ventanas
y grabo en mi memoria
las vetustas montañas y la paz
que me provocan dentro,
profundo, y ahora se despiden

hasta mi vuelta.
Emprendo el camino,
recogiendo los olores a vida
en una bolsa ya casi llena.
Las nubes y la melancolía,
obstinadas,
me acompañan en mi viaje de regreso.
Dejo abierta la puerta del corazón.
Hasta mi vuelta.



Octavio Paz





Todo nos amenaza:
el tiempo, que en vivientes fragmentos divide
al que fui
del que seré,
como el machete a la culebra;
la conciencia, la transparencia traspasada,
la mirada ciega de mirarse mirar;
las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba,
el agua, la piel;
nuestros nombres, que entre tú y yo se levantan,
murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba.

Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas,
ni el delirio y su espuma profética,
ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan.
Más allá de nosotros,
en las fronteras del ser y el estar,
una vida más vida nos reclama.

Afuera la noche respira, se extiende,
llena de grandes hojas calientes,
de espejos que combaten:
frutos, garras, ojos, follajes,
espaldas que relucen,
cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos.

Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma,
de tanta vida que se ignora y se entrega:
tú también perteneces a la noche.
Extiéndete, blancura que respira,
late, oh estrella repartida,
copa,
pan que inclinas la balanza del lado de la aurora,
pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Marta Pumarega Rubio






Hay un hombre que me habita;
patria donde amanece el alma
al otro lado del colchón.

Puebla mis rincones,
se hace tejado,
se hace sábana,
se hace ventana.

Reside dentro.
Me llena el plato de palabras.

Hay un hombre que me habita.
Se ha hecho llave.
Se ha hecho puerta.







Marta Pumarega Rubio
El cielo no es azul

Miguel Ángel Cañada


Niñas de la guerra
Si fui niña,
no me acuerdo,
sé, que fui sombra
en la arena, fui coces
de bestias ciegas
manoseando mi cuerpo; hija del yugo
que separan mis piernas,
esclava del dolor
mudo de mi silencio.
Seré la madre de tus hijos ciegos
y la desidia mansa
omisa de los pueblos.
Seré camino sin senda,
eslabón sin cadena,
capricho del mundo
que mira hacia otro lado
su vergüenza ajena.
Mujer que llevas
el éxodo en tus venas,
dejaste de ser niña
antes, de que lo fueras.

José De Benito





El cristal opaco

Piensas en el pasado como una realidad

pasada.
Notas como aquello fue vivido

porque el brillo de los perfumes
se agolpa cuando quiere,
porque las melodías oídas
vuelven para tapar tus oídos.
Porque las imágenes y las voces,

los ecos de la sierra y el mar,
los sonidos del silencio en la noche
cuando te enfrentabas a la lucha
por la tranquilidad de espíritu,
cuando tratabas a diario con tus dudas,
enormes dudas,
sobre la realidad Existencial,
no puedes oír con claridad
la voz de los que dicen siempre
que creas.
Y la de los duendecillos,

ellos siempre están presentes
y hablan en los oídos sobre cosas.

Y tú siempre presente,

se hace imposible retirarte de
mi mente que piensa dentro
de la tuya.
Si, vivo y pienso, siento y soy,

dentro de ti, mujer