No sé en qué lugar nos perdimos ni quien llegó antes al abismo. Los
cuerpos y su desnudez avanzan por un paisaje de cristal. Los órganos no
encuentran anatomía en la que asentarse y el amor se quedó encerrado en
el olvido de una fortaleza.
Quizá nos extraviamos en la espiral
del tiempo que guarda la memoria. La memoria es un pájaro. Nunca he
comido un pájaro. Si lo comiera masticaría trozos de memoria, los
dientes cortarían recuerdos y la lengua degustaría imágenes. Somos lo
que la memoria nos permite, solo eso. Nunca he cogido un pájaro en mi
mano. No soy dueña de mi memoria. Los pájaros encerrados me dan miedo.
Se golpean contra las paredes y evocan la locura. El amor se quedó
encerrado. Recuerdo entonces a Breton. El olvido no es posible en su
palabra. La escritura salva la memoria. Leer regenera. Con las palabras
cada uno construye su amor y su locura. El miedo es la memoria y el amor
encerrados. El miedo se escapa de las palabras. Es un escalofrío de los
órganos del cuerpo. Transgrede el paisaje de cristal y en su
transparencia no caben los secretos.
La memoria es confusa. Ella
nos construye. Me confundo en mi lengua. Soy la lengua que besa, la
lengua hecha memoria que ama. Lengua que lee la palabra que me hace
libre. Soy lengua en la oscuridad que no revela el secreto. En la
oscuridad no hay transparencias. O quizá sí. Entonces aparecen las
sombras y tras ellas el juego de pensar. El ajedrez es el juego del
caballo, la reina y el rey en sus torres. Son figuras pensantes en la
fortaleza. Esa donde olvidamos el amor desbocado. La fortaleza es la
tabla de negras y blancas por donde avanzan los caballos. Construir una
figura, un contorno a través de la luz que decide a quién derrotar en la
sombra. Elegir es dibujar un movimiento y asentarlo. Elegir es tener
fortaleza.
Soy la mano abierta. En mi palma, el dibujo de las
patas de un pájaro. Paso la lengua por la palma de mi mano. Allí está la
línea de la vida en las patas del pájaro. La lengua la borra. Si me
trago la lengua, me trago la memoria y aparece la palabra muerte. Para
el vivo la muerte es solo una palabra que encierra expectativa y adolece
de plazo. La muerte es la ausencia de memoria en la palma de la mano.
Los
pájaros esta vez han muerto. La lengua no puede lamer sus patas
dibujadas en la palma de mi mano. No vienen a posarse en los cables de
alta tensión que me rodean.
El erotismo es tensión. Como lo es el
dibujo realizado por los pájaros que bajan a beber donde yo me baño.
Los cables son un pentagrama que construyo en el cielo. Yo soy un cuerpo
desnudo en el agua que espera bajo del pentagrama. La espera es pura
sensualidad. Los pájaros eran las notas musicales. El erotismo de las
negras y blancas. Como en la tabla del ajedrez hecha fortaleza donde
olvidamos el amor y en ella se hundió la memoria de lo que una vez
fuimos y ya no recordamos.
Soy un cuerpo desnudo en el agua transparente que no recuerda y espera.