miércoles, 14 de abril de 2021

Natalia Velasco

 


Natalia Velasco es una poeta nacida en Málaga en 1998. Estudió Traducción e Interpretación de inglés y griego moderno en la Universidad de Málaga y en la Universidad Aristóteles de Salónica. Ha colaborado con varias revistas literarias, como la malagueña Tales, traduciendo del griego relatos y poemas. Fue la ganadora de la VII edición del Certamen Ucopoética (2019) y ha aparecido en las antologías Temblor (Bandaàparte, 2019) y Voy de cabeza y Mantra (Vicerrectorado de Cultura y Deporte de la Universidad de Málaga, 2019 y 2020). El cielo de la boca (Letraversal, 2020) es su primer poemario publicado.



Final de línea

Imagino una casa nueva
que no huele a cerrado
unas llaves con forma distinta
vecinos nuevos que pasean
a perros nuevos.

Imagino buscar a tientas el interruptor de la luz
en paredes que hablen un idioma más amable.

Hace meses que salgo a la calle y pienso
huir debe de ser esto
−pegarse siempre a la pared al doblar esa esquina
respetar los semáforos en rojo
leer todos los días los carteles en el metro

POR SU SEGURIDAD
NO CRUCE LA BANDA AMARILLA
HASTA QUE EL TREN ESTÉ TOTALMENTE PARADO

ATENCIÓN A LAS PUERTAS
ALÉJESE CUANDO SUENE EL TONO DE AVISO

SI VIAJA DE PIE
SUJÉTESE−.

Huir debe de ser subir al avión
imaginar que vuela marcha atrás
aguantar la respiración para caber
en las fronteras aguantar
la respiración
y esperar a que revienten todas las costuras.

martes, 13 de abril de 2021

André Breton.




 Mundo en un beso

Mundo en un beso
El músico con baquetas de avellano cosidas en las mangas
Apacigua a un enjambre de jóvenes monos-leones
Que descendieron con gran estrépito de la cornisa
Todo se vuelve opaco veo pasar la carroza de la noche
Arrastrada por los ajolotes de zapatos azules
Que penetra resplandeciente por la violencia que conduce a la tumba
Pavimentada de párpados con sus pestañas
La ley del talión utiliza un pueblo de estrellas
Y tú te matizas para mí de un negro rocío
Mientras los horribles bornes mentales
Se hienden en el sentido de la longitud
Dando paso a unos penachos
Que miran al lago próximo
Los barrotes del espectáculo están maravillosamente retorcidos
Un largo huso de aire atestigua sólo la huida del hombre
De madrugada entre la ilustre alfalfa
La hora
Sólo es lo que hacen sonar las piezas de oro de la bohemia
En las aspas de coriaria
Una amazona de pie sobre un caballo tordo anaranjado al galope
Desde lejos los brazos están siempre en extensi6n lateral
El rombo polvoriento del forro me recuerda
La tienda decorada de bisontes azules
Por los indios de la almohada
Afuera el aire se prueba los guantes de muérdago
Sobre un mostrador de agua pura
Mundo en un beso limpio
Para mí las escamas
Las escamas de la gran tortuga celeste con vientre de hidrófilo
Que se debate cada noche en el amor
Con la gran tortuga negra la gigantesca escolopendra de raíces

Traducción de Manuel Álvarez Ortega

Alicia Aza

 



No sé en qué lugar nos perdimos ni quien llegó antes al abismo. Los cuerpos y su desnudez avanzan por un paisaje de cristal. Los órganos no encuentran anatomía en la que asentarse y el amor se quedó encerrado en el olvido de una fortaleza.

Quizá nos extraviamos en la espiral del tiempo que guarda la memoria. La memoria es un pájaro. Nunca he comido un pájaro. Si lo comiera masticaría trozos de memoria, los dientes cortarían recuerdos y la lengua degustaría imágenes. Somos lo que la memoria nos permite, solo eso. Nunca he cogido un pájaro en mi mano. No soy dueña de mi memoria. Los pájaros encerrados me dan miedo. Se golpean contra las paredes y evocan la locura.  El amor se quedó encerrado. Recuerdo entonces a Breton. El olvido no es posible en su palabra. La escritura salva la memoria. Leer regenera. Con las palabras cada uno construye su amor y su locura. El miedo es la memoria y el amor encerrados. El miedo se escapa de las palabras. Es un escalofrío de los órganos del cuerpo. Transgrede el paisaje de cristal y en su transparencia no caben los secretos.

La memoria es confusa. Ella nos construye. Me confundo en mi lengua. Soy la lengua que besa, la lengua hecha memoria que ama. Lengua que lee la palabra que me hace libre. Soy lengua en la oscuridad que no revela el secreto. En la oscuridad no hay transparencias. O quizá sí. Entonces aparecen las sombras y tras ellas el juego de pensar.  El ajedrez es el juego del caballo, la reina y el rey en sus torres. Son figuras pensantes en la fortaleza. Esa donde olvidamos el amor desbocado. La fortaleza es la tabla de negras y blancas por donde avanzan los caballos. Construir una figura, un contorno a través de la luz que decide a quién derrotar en la sombra. Elegir es dibujar un movimiento y asentarlo. Elegir es tener fortaleza.

Soy la mano abierta. En mi palma, el dibujo de las patas de un pájaro. Paso la lengua por la palma de mi mano. Allí está la línea de la vida en las patas del pájaro. La lengua la  borra. Si me trago la lengua, me trago la memoria y aparece la palabra muerte. Para el vivo la muerte es solo una palabra que encierra expectativa y adolece de plazo. La muerte es la ausencia de memoria en la palma de la mano.

Los pájaros esta vez han muerto. La lengua no puede lamer sus patas dibujadas en la palma de mi mano. No vienen a posarse en los cables de alta tensión que me rodean.

El erotismo es tensión. Como lo es el dibujo realizado por los  pájaros que bajan a beber donde yo me baño. Los cables son un pentagrama que construyo en el cielo. Yo soy un cuerpo desnudo en el agua que espera bajo del pentagrama. La espera es pura sensualidad. Los pájaros eran las notas musicales. El erotismo de las negras y blancas. Como en la tabla del ajedrez hecha fortaleza donde olvidamos el amor y en ella se hundió la memoria de lo que una vez fuimos y ya no recordamos.

Soy un cuerpo desnudo en el agua transparente que no recuerda y espera.

María Diaz.



Te llamaba pero no oías,
tú nunca oías.
Nadie mojaba las calles
solitarias de lluvia como yo.
Me cruzaba con miradas llenas
de misterio y se posaban en la
mía.
Ya no llueve,la noche descansa
y comienza a grisear.
Yo también descanso envuelta entre sábanas blancas.
No,no estoy sola ,
me acompaña el murmullo
cansado de los árboles,
el ruido del viento que entra
por las aristas de mi ventana
y el canto alegre de un mirlo
enamorado.
Me acompaña mi libro
de poemas ,
Mi taza humeante de café
caliente.
Y mis muebles ,también ellos
me acompañan carcomídos
por el paso del tiempo.
Allí guardo tus recuerdos
y esa sombra tuya rebelde
que no quiere marcharse.

Nicolás Corraliza


  



TERRITORIO DE LA APARIENCIA


Entre nubes
el sol ensaya su caída.

No busques apoteosis
ni rosas de camerino.

A la hora de la función
siempre anochece.

Vendrán otros astros a brillar.



lunes, 12 de abril de 2021

Marta Pumarega Rubio



Tú no lo sabes,
nadie podría saberlo,
soy la niña que huye de su sombra,
el silencio sostenido en el tiempo,
el paisaje estremecedor de la pérdida,
una luz apagada en el pasillo.
Tengo los oídos anegados de sirenas,
una mirada que ya no puede ver de lejos,
los labios agostados por el frío.
He perdido tantas veces
la razón
frente al espejo.
No lo sabes,
nadie podría saberlo,
pero tengo la necesidad
de empezar a cantar
como un pájaro
que espera su primavera.