sábado, 3 de abril de 2021

Octavio Paz

                                             


                                       


                                          Decir, hacer

A Roman Jakobson

Entre lo que veo y digo,
Entre lo que digo y callo,
Entre lo que callo y sueño,
Entre lo que sueño y olvido
La poesía.
Se desliza entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer
que es un decir.
La poesía
se dice y se oye:
es real.
Y apenas digo
es real,
se disipa.
¿Así es más real?
Idea palpable,
palabra
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.
Teje reflejos
y los desteje.
La poesía
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos.
Los ojos hablan
las palabras miran,
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,
ver
lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.
Los ojos
se cierran
Las palabras se abren.

Álvaro Galán Castro.

 




Álvaro Galán Castro (Málaga, 1979) es profesor del Departamento de Traducción de la Universidad de Málaga. Este es su séptimo libro publicado. Anteriormente ha obtenido los premios Salvador Rueda (Los frutos de la herida), Rafael de Cózar (Del pájaro que canta en los días aciagos) y Ricardo Molina (Ficciones familiares). Una brillante trayectoria literaria, dentro de su generación, entretejida de reflexión y riqueza expresiva. Y una búsqueda de equilibrio entre realidad vivida y verdad literaria.

«Plenitud y vacío tiene una cerrada estructura, casi arquitectónica, construida por tres partes que forman el círculo neurálgico del que bien pudiera ser un largo poema que se mueve entre el vértigo de la creación y el encerramiento espiritual que conduce a la nada y al vaciamiento casi físico del ser humano. La filosofía oriental está muy presente en estos versos en los que se hacen afirmaciones que nos acercan a la aniquilación del yo o a su transformación en una significativa interrogación: “¿No somos otra cosa que lenguaje?”.  Realidad y experiencia casi religiosa que se aúnan en acertada síntesis en este libro de una atrevida originalidad y de una extrema sinceridad».

(José Infante)



LA JAULA DE FARADAY

No te regalan un reloj,
tú eres el regalado.
Julio Córtazar

La puerta de la casa está cerrada
igualmente por fuera y desde dentro.

Ya no sé si dejé la jaula abierta
o un cernícalo vino a mi terraza,
el caso es que el canario voló de entre mis manos.

Se fue como llegó, desde la nada.

Un domingo, con sol,
al volver con la niña de paseo,
escuché su aleteo nervioso y azorado
en el fusco anaquel del salón donde pongo
a cubrirse de polvo los libros orientales.
Se fue justo a posar en las piernas de un buda
de plástico barato.

La anilla de su pata delataba
—igual que en los tobillos del esclavo
las marcas encarnadas que dejan los grilletes—
su cruz de cimarrón arrepentido
por la sed, por el hambre, por el miedo.

Mayita se negó con fervor a soltarlo,
a darle su derecho a morir sobre el viento,
y yo cedí a su ruego y su promesa
de que lo iba a cuidar.
Así que lo siguiente fue comprarle una jaula.
Entonces ya no pude volver a echar la siesta
entre el uno de octubre y finales de junio
(en verano callaba —por sofoco, supongo—).

Podríamos haberlo bautizado
como Michael Faraday
por su eléctrica voz,
por el gran magnetismo de su timbre.
La verdad tal vez sea más prosaica:
le llamábamos Trini, brevemente,
aunque esto, bien mirado, no sea poco.

Ahora
la jaula está vacía, dejé su puerta abierta
como símbolo fácil, meridiano
de su liberación.

Y he sembrado una parte de su alpiste
en algunas macetas que tenía
olvidadas y yermas.
Acaricio mis manos vacías en la hierba.
Encuentro ese verdor acordonado
una burda intentona de quitarle
sus puertas a mi casa
como burdo es ponérselas al campo.

La otra parte la tiro por la borda
para dar de comer a los pájaros libres.

No sé tú, pero yo he vivido siempre
encerrado en mí mismo.

Hoy haría once años de casado
y hace cuatro firmé, por estas mismas fechas,
el divorcio,
bendito a fin de cuentas, aunque cueste
soltarse en un principio.
Pagué mi libertad a muy buen precio.

Doy gracias de estar solo en mis encierros.

Tan vital es dejar entrar al otro
como hacerlo salir cuando no quiera
quedarse en el hogar de tus pulmones,
mostrarle la salida amablemente,
no cerrarle la jaula de tu pecho
igualmente hacia dentro y hacia fuera.

—————————————

Nichita Stănescu

 




AUTORRETRATO

Ya no soy nada más que
una mancha de sangre
que habla.

Nichita Stănescu

 


Nichita Stănescu
fue un poeta y ensayista nacido en Ploieşti, Rumanía, en 1933. Está considerado uno de los mejores poetas rumanos de la segunda mitad del siglo XX y el más importante de la generación de 1960, por el resurgir lírico que representó su obra. Estudió Lengua y Literatura Rumana en la Universidad de Bucarest entrando en contacto con varias personalidades culturales como Tudor Vianu, Lucian Blaga o Ion Barbu. Durante sus años universitarios terminó su ciclo de poemas llamado
Argotice y en 1957 hizo su debut en la revista Tribuna. En 1960 fue nombrado redactor de Gazeta literară, integrándose en la vida literaria de Bucarest. Ese mismo año publicó su primer libro de poemas, El sentido del amor, pasando a ser considerado un representante activo de la nueva generación de escritores. Los primeros enfrentamientos con la crítica de su tiempo ayudaron al poeta a formar su conciencia de sí mismo como artista. Aunque los temas de su obra están ligados a eventos prosaicos, el intelectualismo de los versos y el placer de contradecir con ingenio las expectativas del lector escandalizaba a los críticos guiados por los criterios imperantes en aquel momento del «realismo socialista». Su escritura evolucionó hacia una lírica más intelectual como en el libro 11 elegías (La última cena) (1966), interpretando el mundo como un espacio de objetos que el poeta ve y percibe como testimonios-formas de la situación trágica del ser humano en una época moderna excesivamente tecnificada. Solía decir que su patria era la lengua rumana. Su última obra publicada en vida fue Nudos y signos (1982). Fue un bebedor empedernido y murió en 1983 de un paro cardíaco. En España la editorial Amargord publicó en 2014 la antología bilingüe Nichita Stănescu 1933 – 1983.



POEMA

¿Dime, si algún día podré coger y besar la
planta de tu pie…
verdad que tú vas a cojear un poco, después,
con el temor de no aplastar mi beso?

viernes, 2 de abril de 2021

José Puerto Cuenca



MUDANZA


Muchas veces sueño con mudarme
de casa, de barrio, de pueblo y de planeta,
encontrar una tierra ligera y encantada
donde las costas y las cuestas de la vida
sean tan leves que se pueda vivir del aire,
descubrir una Jauja o una Barataria
donde la mezquindad no prospere
y la nobleza inocente aflore a ras de suelo,
una ciudad diáfana y amable
con vehículos de algodón,
un cielo zarco con lluvia de panes y especias
donde no vuelen ni defequen los cuervos.
Hace mucho tiempo que quisiera mudarme,
de estado más que de de nación,
a un cielitorio sin orín ni gravedad
donde el peso viscoso de la sangre
no me derrumbe a cada golpe, a cada paso
y donde mi frente quede redimida
de aquella vieja, aquella sudorosa condena cainita.

Ramón Llanes Domínguez



La mar sin ti
es un vocablo,
la inmensidad,
el alimento quizá de la sombra,
la tercera razón de la luna,
el pie de los ojos de Dios...
la mar sin ti
no es un verso.

jueves, 1 de abril de 2021

Jaime Gil de Biedma

 




No volveré a ser joven

Que la vida iba en serio

uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.