miércoles, 5 de octubre de 2022

Pedro Javier Martín Pedrós

 


 



Viajo por los raíles de este día
con el corazón lleno de
nostalgias,
a veces con sobrepeso.

Silencios en los rostros de mis
compañeros de viaje por Roma.

La religiosa mueve con armonía rítmica
su rosario austero de madera, con olor
a sándalo.

Espero que su generosidad no tenga
fronteras y me llegue alguna
fragancia de sus oraciones.

Recuerdo, con caricias visuales,
a la joven con esclerosis múltiple por
su mar de sonrisas.

No muy lejos de aquí, lloran,
en los cimientos de su fe,
cristianos en el vaticano.

Florencia.

Mario Benedetti

 






 "No te quedes inmóvil

al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo."

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Jaime Labastida

 











 El júbilo se enciende

La memoria es una piel que tu recuerdo llaga,
una herida de torpe geometría,
es una carne, un nervio vivos.
Lacerada memoria donde el fuego
es la violenta agua apaciguada.
Miro así tu jadeo,
en ese mar, en esas olas me hundo.
Qué hermosa sed que nunca más se sacia,
qué agua: no apagas sino incendias.
Tu cuerpo resplandece con mi yesca;
tallo tu imagen de carbón
y es fósforo, sol, óxido el que brota
de esta chispa de luz.
Rescoldo quedan nuestros cuerpos y aluzamos
todo cuanto habita la pieza.
El júbilo se enciende.
De los cuerpos que se besan
viene este parto de la brasa.
Los objetos adquieren sus perfiles de gracia
y desdeñan la sombra.


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Margarito Cuéllar


 




SOL DEL PESIMISTA

(Escrito en la hoja en blanco de un libro de Óscar Hahn)

 

Para Ayax

 

Pez y mismo.

El mundo contagiado de esa música.

Hoy despertó mi hijo con manchas en la piel

y arroja dardos con veneno

a la Iglesia, al policía del barrio

a sus compañeros del colegio

a los padres de sus compañeros del colegio

a los maestros de los padres de sus compañeros del colegio

al perro que dormita feliz

en vez de ahuyentar a las palomas

que lo privan de su alimento;

al gato que duerme junto al perro

en vez de perseguir a las palomas

que lo dejan sin alimento

a Santaclaus que no se pone a dieta

ni va al gym media hora tres días a la semana

a los Reyes Magos

porque olvidaron un elefante afuera de la casa

desde que mi hijo cumplió seis años;

a Caperucita Roja por no escapar del cuento

a Borges por excluir de los dones la vida eterna

a Bob Dylan por no callarse a tiempo

a Maradona por querer ser Dios

a Dios por burlar a Maradona

a la Indeseable en el tablero de la muerte

a las víboras por cambiar de piel

a los tigres por saltar aros de fuego 112

a cambio de un pedazo de pan

a Cioran al Papa a Obama.

A mi hijo mayor le queda un dardo.

No sabe si disparar al chico del espejo

o al pesimista que arroja pelotitas de optimismo;

No, el amor lo persigue

en una bicicleta verde.

Sale de la pecera en busca de un mar cierto

donde lo esperan peces bendecidos

como él, aunque pronto el agua

sea insuficiente para el tamaño de sus sueños.

Su agenda

antes de alcanzar los traicioneros 20:

derrumbar la estatua de Rimbaud

que ríe desafiante desde la selva de su cuarto,

trazar un puente de aire y partituras,

pájaros y silencios

desde Utopía -patria por descubrirse- a Nunca Jamás.

Embarcación y tribu esperan en el próximo viaje.

 

JUAN LEY VA

 






ESE VIEJO



Ese viejo que ves en el sillón, es mi padre.
Duerme sin tener sueño, le sobra la mitad del día.
Su religión son las horas de la comida, le reza a una caja con pastillas.
Mira la tele como si la viera por primera vez.
Quiere que le cuente cosas que no duren más de cinco minutos,
responde siempre lo mismo, como un médico de cabecera.
Antes de salir por la puerta se da la vuelta un par de veces, palpándose los bolsillos, se registra como si quisiera encontrarse.
Le preocupa el tiempo que hará mañana, desayuna de pie, dos galletas de fibra, se limpia las manchas humedeciendo un pañuelo con saliva.

Ese viejo que ves ahí, es mi padre
tan parecido a otros, incluso para mí.
Cuatro veces por semana recorre a los especialistas, rellena boletos de lotería, trafica con partidos de fútbol.
Cada vez que le veo me rebelo contra la oxidación, contra las proteínas.

Ese viejo que ves ahí, sin venir a cuento
le da un beso a mi madre en la cocina
y a mí me guiña un ojo
como si la acabara de conquistar.

Octavio Paz

 






Dos cuerpos

Dos cuerpos frente a frente

son a veces dos olas
y la noche es océano.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.

Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío.

lunes, 3 de octubre de 2022

Pablo Neruda





Polvo somos, seremos.
Ni aire, ni fuego, ni agua
sino tierra,
solo tierra
seremos
y tal vez
unas flores amarillas.
🌼
Odas elementales, Pablo Neruda.

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