viernes, 5 de mayo de 2023

Luis Cernuda




No decía palabras,

acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.
La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.
Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Auque sólo sea una esperanza
porque el deseo
es pregunta cuya respuesta nadie sabe.

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jueves, 4 de mayo de 2023

Gabriel Celaya

 


Despedida

Quizás, cuando me muera,
dirán: Era un poeta.
Y el mundo, siempre bello, brillará sin conciencia.
Quizás tú no recuerdes
quién fui, mas en ti suenen
los anónimos versos que un día puse en ciernes.
Quizás no quede nada
de mí, ni una palabra,
ni una de estas palabras que hoy sueño en el mañana.
Pero visto o no visto,
pero dicho o no dicho,
yo estaré en vuestra sombra, ¡oh hermosamente vivos!
Yo seguiré siguiendo,
yo seguiré muriendo,
seré, no sé bien cómo, parte del gran concierto.

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MARIANA FINOCHIETTO



No era mi destino
nombrar
con la cadencia
de las mujeres
de mi sangre.
No estaba en mis estrellas
enlazarme
a mi estricto linaje
de silencios.
O no quiero.
O no puedo.
Por azar
o rebeldía
ésta es mi vida.
¿Cómo se puede callar
la voz
que me roe las entrañas
buscando luz?

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Silvia María Álvarez Merino




La última noche

Se unió el azar y el destino
en las estrellas de esa noche.
Me cogiste en brazos sin dejar de mirarme
y me llevaste a tu habitación de mendigo moribundo.
Te quité cualquier barrera,
no hubonada entre tú y yo,
y para sentirte más mío te cubrí con mi cuerpo.
Borracha de tus ojos, ebria de ti,
seguía el ritmo que el anhelo marcaba,
de ti a mí, de mí a ti,
temerosa y tímidamente,
como quien acata el juicio final.
Sentía tu calor como un traje eterno
de perpetuidad y vértigo.
Abarcábamos el mundo entero, enormes, de goma
llegábamos hasta las estrellas,
te las regalaba
y prendían en tu pelo rubio
engalanando la almohada
y perfumando de jazmín
las caricias.
Nunca más he llegado a besar el cielo.
Nunca más he volado libre hasta mi propio nombre
y mis sueños jamás se vieron más obedecidos
que ante tus manos.

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martes, 2 de mayo de 2023

Eva García Madueño.



Hay un manantial que se desborda
cuando las lluvias inundan
los secretos enterrados en la memoria.
He encontrado la llave
del cofre del tesoro
que un día guardé
en la isla, donde los recuerdos.
La lluvia limpia los restos de barro
y la luz del sol se refleja ahora
sobre la superficie irisada.
En la blanca arena reposan
el viejo cofre y su contenido.

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Pedro Javier Martín Pedrós.





 A una mujer maravillosa que me regaló la vida.

Gracias mamá !!

Mamando de tus pechos,
sin complejos, fui cargándome de años.
Recuerdo noches de sueños extraños,
de truenos, tormentas,
de cuentos de brujas malas que nos querían separar.
Al oír mis llantos te acercabas y
me acurrucabas.
Las turbulencias
desaparecían y me anegabas de paz.
Un día te marchaste poquito a poquito,
sin hacer ruido, con tu ropaje de colores
vivos, alegres.
Ahora, en este momento, te lloro a mis
años sin vergüenza escondida.
Siento que mis lágrimas se marchan
al mar, donde siempre nos encontramos.


Del libro: A tu encuentro



Dante Medina







Carta a Dios por no haber podido pagar el recibo de la electricidad

Dios que todo lo das,
quítame algo.
Das la luz cada mañana, puntualmente, Dios
Quítame, por favor, un poco de salud
que no me moriré por eso.
Quítame, si quieres,
algunos de los dientes
que creo que tengo muchos.
Dios que todo lo das.
A mí quítame algo.
Das la luz cada mañana, y lo haces muy bien, Dios.
Quítame, por favor, un poco de oído
que de todos modos seguiré oyendo.
Quítame, si quieres,
un poco de agilidad mental, tantito,
nada que vaya a dejarme tonto de más.
Das la luz cada mañana, y hay quienes ni cuenta se dan de eso,
Dios.
Quítame, por favor, algo de lo que tengo
porque soy de los que tienen más de lo que se comen.
Quítame, si quieres,
mi coche, haz que algunos de esos bancos que roban
se quede con un golpe de tecla de computadora con mis ahorros.
A cambio te ruego
- y para lo que te escribo es para eso -
que no me quites la luz.

Te ruego que no me quites la luz.
La luz del día.
Esto que te acabo de escribir.
Tómalo como un ruego
o
tómalo como una oración.
Tómalo como quieras
pero, por favor,
tú que todo lo puedes,
no me quites la luz del día Dios mío, no me quites la luz.

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