miércoles, 19 de abril de 2017

Benita Peredes





No te pierdas entre las rocas de la gruta, sigue la luz, sigue adelante, avanza
No dejes de creer en las inmensas posibilidades.
                       
Corrí tras lo desconocido, por arenas movedizas, en playas empedradas, en risco perfilado, 
abismos infinitos, me detuve en los márgenes del abismo, sintiendo la brisa del mar ausente,
Sintiendo la sal en los labios, la arena en los dedos, recreo los recuerdos de la infancia, 
como trazos bruscos y toscos, efímeros en su motilidad, me vuelco a la felicidad soledad, 
esa en la que habito libre y dueña de mis partes vitales.
La memoria es una arista de colores que divergen, volátiles nubes que humedecen todo,
 renuevan las verdes praderas del presente tiñéndolas de esperanzas; no quiero más arcoíris de mentiras,
Quiero la verdad desnuda y cruda, danzando en mi patio trasero, jugando con las rosas y las orquídeas,
revoloteando  en mis hamacas, buscando mis helechos.
Quiero sentirte tan cerca que mi alma tiemble en plena oscuridad, 
no quiero la orfandad del pasado, quiero tu mano guiando mi sendero empedrado,  
necesito tus pasos en la incertidumbre de la espera, en mis terribles momentos erráticos,
 y sobre todo en la mesa de mi hogar, sentado cobijando. 
Buscar el sinsentido de las cosas es más fácil que cruzar a nada el atlántico, pero

Ahora tengo la certeza de la libertad que solo tú Señor nos das.



Claudia Masin





No te pido que comprendas,
te pido que me escuches en silencio
cuando hablo, algunas noches, un idioma
que yo misma desconozco y que me aterra.



Fotografía de Vikram Kushwah

martes, 18 de abril de 2017

Juan Gelman






Límites

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,
hasta aquí el agua?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire,
hasta aquí el fuego?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,
hasta aquí el odio?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,
hasta aquí no?

Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran.






Ana Montojo






CASTA DE POETAS



Ya tengo suficiente privilegio
con ser capaz de perpetrar dos versos
que puedan consolar a algún desconocido
cualquier noche de insomnio
que una emoción, idéntica a la mía,
se derrumbe en su cama.

A lo mejor presiente
que alguien, quién sabe dónde,
también puede llorar
por boberías que no tienen nombre;
tan sólo es el cansancio,
impreciso cansancio de vivir a empujones,
sin siquiera un instante
para mirar adentro.

No sé si soy poeta o es que sufro
de cierta verborrea incontinente,
un impulso invencible
de proclamar al mundo mis miserias
que son, por otra parte, tan vulgares
como las de cualquiera.

Porque no soy distinta, la poesía
es sólo un desahogo casi físico
del tremendo trabajo de vivir
y de amar a los unos y a los otros
y de lamerse heridas que nunca cicatrizan,
las antiguas, que vuelven a sangrar,
la costra desprendida con el más leve golpe
y las otras, tan recientes y abiertas
que no aguantan el roce del silencio.

No pertenezco a una especial casta
ni soy mucho más lista ni más tonta
que el común de las gentes.
Creo que me trastornan
las mismas sinrazones que al portero.
Sólo que él se las calla, forman parte
del vivir cotidiano, de la alfombra
que barre cada día
para que yo la encuentre inmaculada
cuando regrese a casa
a tomarme una copa en zapatillas
mientras pienso lo mal que están las cosas.




(De Plantas de interior, Ed. Cuadernos del Laberinto 2012)

lunes, 17 de abril de 2017

William Martin





Son las personas
que llevan el Amor,
hasta en las plantas de los pies,
las que deben construir el mundo.
Esas personas que entran 
en nuestros sueños,
en nuestros pensamientos,
en nuestras fantasías...
Entran con la mágica llave 
del amor sincero, y se quedan 
dentro de nuestro mundo
para quedarse, por siempre.
Son las personas
que llevan el Amor,
hasta en las plantas de los pies,
las que debieron construir el paraíso.




Teresa Torres







Donde está...

¿Donde está aquella ternura que se enroscaba en nuestras cuerdas vocales?
¿Esa que dulcemente y al compás de nuestros dedos eclipsaba algún -descarrilado- matiz de resentimiento?
...........
.................
..........................
Era nuestro el tiempo.
Éramos ternura,
deseo,
complicidad
y risas.
Callaban las estrellas para observarnos
cuando nuestras caricias levantaban la noche
libres, sinceras, sin memoria…
como son la de los amantes que a escondidas
llenan las sábanas de selva.
.............
..................
.........................
¿Donde está aquella ternura que iluminaba todas tus palabras…y las mías?

¿Esa que nos provocaba suspiros capaces de saltar cualquier frontera, cualquier horizonte… donde juntos hallar el paraíso?







domingo, 16 de abril de 2017

Fernando Beltrán




Mi madre me enseñó a hacer trampas.

Trampas para perder.

Ganar era tan fácil que lloraba por la noche
y no podía conciliar el sueño.

Cogidos de la mano me calmaba
relatándome historias que sucedieron luego.

La culpa fue mía,

madre me preguntaba
si las quería reales o inventadas
y yo pedía siempre que le hubieran
sucedido a ella.

Y casi sin quererlo
una noche mi madre inventó la realidad.