viernes, 16 de julio de 2021

Ana Rossetti,



Hubo un tiempo...


Hubo un tiempo en el que el amor era un
intruso temido y anhelado.
Un roce furtivo, premeditado, reelaborado durante
insoportables desvelos.
Una confesión perturbada y audaz, corregida mil
veces, que jamás llegaría a su destino.
Una incesante y tiránica inquietud.
Un galopar repentino del corazón ingobernable.
Un continuo batallar contra la despiadada infalibilidad
de los espejos.
Una íntima dificultad para distinguir la congoja del
júbilo.
Era un tiempo adolescente e impreciso, el tiempo del
amor sin nombre, hasta casi sin rostro, que merodeaba,
como un beso prometido, por el punto más umbrío de la
escalera.

Paco Mateos



VOLVER A TI


Amor, si tu vinieras
amor, si tu volvieras
mi vida a renacer
volverte a querer
como te quise entonces
una segunda vez

José Puerto Cuenca



PAN CON ESTRELLAS


Amor, hace tiempo que quiero proponerte
una dieta de aderezamiento…
Desayunaremos un té marca Buen Día
endulzado con esperanzina
y un bollo de afán integral auténtico
con un buen chorreón de afecto virgen extra.
A media mañana como tentempié
mordisquearemos con fruición
dos manzanas reinetas del árbol de la paciencia.
El almuerzo lo empezaremos con un aperitivo
de perlas verdes sin martirio, cultivadas
en el olivar sabio sin resabio de los abuelos,
ensalada de sentimiento verde y aros de centella
con cariz dulce, humor fresco y desenvidias,
alma de almendras o nueces de parsimonia…
A media tarde una taza de fe alta y rica
endulzada de meloja y melodía
y un trozo de pastel esponjado de ojos claros
espolvoreado de sonrisa cande.
Para cenar probaremos cada noche
una fruta distinta, una pulpa nueva,
una caricia absolvente y desusada,
nos haremos veganos de carne de otros seres,
la tuya y la mía, amor, ya nos alimentan
con creces el ansia animal antigua…
Y de postre, amor, de postre…
Los racimos de besos con uvas que tú quieras…
Amor… ¡Contigo pan con estrellas!

jueves, 15 de julio de 2021

Manuela Lozano Pérez.



EL AMOR, COSA EXTRAÑA.


¡! Ay el amor!! Cosa extraña…
Ese juego travieso y peligroso, que te da vida y te mata.
Que sacude y enmaraña los sentidos
donde a veces se gana y otras se pierde,
donde la eternidad laurea el final de la partida.
Amando aprendí:
A malgastar besos en los cruces de caminos
a cambiar promesas por documentos burocráticos
a recoger golpes detrás de las sonrisas,
a guardar lagrimas entre cubitos de hielo
a llenar pucheros con escusa
a dormir al raso por dos euros la hora,
a matar fantasmas escenificando cuentos
a creer en milagros para no perder las ganas
a vender quimeras para respirar,
a caminar por el desierto con zapatos de tacón
a cruzar el mar con la casa a cuestas
a multiplicar por diez las horas del reloj,
A esconder mí nombre bajo las sabanas
a gritar la noche en dos metros cuadrados de cielo
a lucubrar historias de una muerte anunciada,
a remendar mi cuerpo con caricias prestadas
a prender la hoguera que no me dio calor
a construir castillos en el aire…
Pese a todo, quiero creer que conocí el amor,
que por momentos lo tuve entre mis manos,
en mi tacto, en la yema de sus dedos,
en mis ojos, en su mirada y mi llanto,
en mi boca, en su lengua y mis sabores,
en mi oído, en el compás de sus palmas,
en mi nariz, en la esencia de su pelo,
en mi corazón, en el palpito de su pecho,
en mis entrañas, en el rocío de su vientre
en mis piernas, su espalda, mi nuca, su frente…
En mi yo entera.
Quiero creer que conocí el amor hasta la locura…
Más si ese amor no fue cierto
¿De qué sirvió que perdiese la partida?

Ana Deacracia

 


Son príncipes, mis flores,
sin riquezas ni ritmos incoherentes,
sin coronas ni espacios
más que un tiesto.
Son princesas mis príncipes liláceos,
en el rosa se confunden sus pétalos,
viviendo en la vasija de sus órbitas,
sin más palacio que ese.
Me llenan las pupilas,
me seducen mis venas con sus riegos,
no soy yo quien les cuida,
ellos son quienes me donan
la vida que me prestan.

miércoles, 14 de julio de 2021

© Ana García Briones



Hay instantes de la vida
que besan mis labios
llenos de fragancia balsámica.
Pasan sin ruido,
casi de puntillas,
puñados de corazón
que se esparcen en mis venas
acariciando los rotos.
Hay instantes de la vida
que se acercan a mi
como una dulce canción
que deja un resquicio de luz en el alma.
No muy lejos,
un sendero de hormigas en fila
se pierden en el tumulto
y la manipulación mediática.
Hay instantes de la vida
que necesito cerrar los ojos
y dejar atrás
las horas perdidas de sueños.

VANESA PÉREZ SAUQUILLO



éste es mi contestador automático.
Para herir, simplemente, marque 1.
Para contar mentiras que me crea, marque 2.
Para las confesiones trasnochadas, maque 4.
Para interpretaciones literarias
producto del alcohol, marque 6.
Para poemas, marque almohadilla.
Para cortar definitivamente la comunicación,
no marque nada, pero tampoco cuelgue,
titubee en el teléfono
(a ser posible durante varios meses)
hasta que note que voy abandonando el aparato
a intervalos de tiempo cada vez más largos.
No desespere. Aguante.
Espere a que sea yo la que se rinda.
Le evitará cualquier remordimiento.
Gracias.